Guillermo del Sol Pérez lleva su cuerpo al límite no para pedir algo para sí mismo, sino para reclamar la libertad de otros seres humanos. Su huelga de hambre se ha convertido en un grito silencioso, en una pregunta que debería estremecer la conciencia de todos: ¿cuánto debe sufrir un hombre para que el mundo decida escuchar?
Hay momentos en la historia en que un hombre deja de luchar únicamente por su propia vida y comienza a luchar por la dignidad de los demás. Entonces su cuerpo se convierte en un mensaje y su sacrificio, en un espejo que obliga a los demás a mirarse, aunque muchos no se sabe si por órdenes, por cobardes o por comprometimiento con los verdugos, se desentiendan con el honor y la verdad.
Quien muere por la libertad de otros puede perder la vida, pero jamás pierde el sentido de su lucha. Porque la muerte de un hombre puede ser silenciada; pero la verdad por la que entregó su vida puede convertirse en la voz de miles.
Guillermo no debería tener que morir para que otros sean libres, y por los que sus mismos familiares no son capaces de darle visibilidad a la heroica acción de un hombre que está dando su vida por los suyos, cuando no se atreven ni a imitar su acción. Su vida vale más que cualquier consigna, y precisamente por eso su sacrificio debe despertar a quienes todavía tienen la posibilidad de actuar.
Porque cuando un hombre está dispuesto a morir para que otros puedan vivir en libertad, la pregunta ya no es solamente qué ocurrirá con él.
La verdadera pregunta es:
¿Qué estamos dispuestos a hacer nosotros para que su sacrificio no haya sido en vano?
¡NI UNA MUERTE MÁS! ¡HIPÓCRITAS!
No hay comentarios:
Publicar un comentario